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¿Cuánto me quiero? ¿Cuánto me siento querido? La autoestima en niños y adolescentes



Muchos niños y adolescentes te miran perplejos cuándo les preguntas, “y…tu…¿cuánto te quieres?, ¿cuánto te estimas?” . Tanto a mayores y pequeños nos cuesta mucho hacer una descripción de nosotros mismos, y más aún, si se trata de valorar nuestras cualidades y matizar nuestras debilidades.


Para relacionarnos, encontrarnos a gusto con nosotros mismos, afrontar nuestros propios retos y disfrutar de lo que hacemos es fundamental tener una autoestima adecuada. Si hablamos de autoestima hemos de mencionar el autoconcepto. La primera, es la valoración que hacemos de nuestras creencias, de nuestros pensamientos y sentimientos acerca de nosotros mismos y, el segundo, consiste en la percepción que tengo de mí, sin establecer aún un juicio de valor. Todos tenemos una imagen mental de nosotros mismos, que vamos construyendo desde que nacemos y a medida que descubrimos la influencia que tenemos en los demás y como éstos nos perciben (o cómo pienso/siento que me perciben).


Dicen que somos el habla interna que tendrán nuestros hijos en la vida adulta…esto significa que podemos guiarles y participar en gran medida en el fomento de una buena autoestima. Para lograrlo, basta con tener en cuenta algunas claves en nuestra comunicación con ellos; a veces, nos quedamos anclados en lo que hacen mal, hagamos una lista de las cualidades positivas que tenga el niño, transmitiéndoles mensajes positivos… “lo intentaste, seguro que a la próxima saldrá mejor”, evitar comparaciones con los hermanos y hablar de lo que han hecho mal delante de otras personas. Para realizar cualquier corrección, apelar al comportamiento, no a la persona…de este modo le damos al adolescente esperanza y oportunidad de cambio, reconocer cualquier esfuerzo y logro (por pequeño que sea) y dejar hacer aquello que corresponda a la etapa en la que se encuentran (p. ejemplo, si ha aprendido a ponerse los zapatos, que sea él quien se los ponga solo), evitar la sobreprotección. Ayúdale a que identifique sus propios sentimientos, démosle oportunidad de afrontar sus propios conflictos de modo que sea él quien utilice sus habilidades para resolverlo y dedícales un tiempo exclusivo. Démosle responsabilidades, con los más pequeños podemos implicarles a través del juego.


Merece especial atención la etapa de la adolescencia debido a los continuos cambios físicos que sufren y que, en ciertos adolescentes, pueden hacer tambalear la seguridad y confianza en sí mismos. Hemos de hacer un acompañamiento cercano, de modo que puedan acudir a nosotros con plena confianza y que no se centren exclusivamente en la opinión de sus iguales para forjar la imagen que tienen de sí mismos, ya que, en este caso, la intrusión de las redes sociales y la “imagen digital” que desean proyectar, en muchas ocasiones, dista de la realidad y puede entorpecer su buen desarrollo psicosocial.


Isabel Aboy Ferrer

( Psicóloga del CAIF especialista en infantil y terapia familiar sistémica )


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